Me acuerdo de unos reyes en Mendoza. Debo haber tenido 4 años más o menos, y junte del jardín césped para los camellos y los puse junto a mis zapatitos, con agua. No tengo ningún recuerdo más de los reyes magos.
La cabalgata empezó. Estaba nerviosa, muy nerviosa. Su padre, nunca la había llevado, hasta esa tarde y posiblemente porque ahora tenía todo el tiempo del mundo, estaba en el paro. Con su mamá había escrito la carta a los reyes. Ella tampoco trabajaba.
Su madre la convenció de que este año, los reyes también estaban en crisis así que debía pedir un solo regalo, y mucho amor. Porque de eso tenían y en cantidades. Su mamá sabia que aunque sea una muñeca o una tontería en los chinos le compraría. Por ver su cara y su ilusión de su niña, no se lo iba a prohibir. Ya sacaría las monedas de algún lado. Fueron unos días antes, a darles la carta que tenia dibujadas estrellitas y corazones a los pajes que para tal fin, estaban en el centro del pueblo. Aunque noto algo raro en la carta. Estaba convencida que el sobre que habían usado era rosa, y este era blanco. Pero no le dio mayor importancia.
Cuando llegó el señalado día, no durmió, pero desde la noche anterior. Todos se organizaron. La madre fue como todas las semanas a la ONG que les daban comida para pasar los días. Era la única que entraba en la casa. Cuál fue su sorpresa, que también le dieron una muñeca para su niña en la noche de reyes. Se alegró mucho, su niña tendría su juguete. Lo agradeció con una gran sonrisa. En ese momento se le iluminó el corazón. Para ella también habían llegado los reyes.
La parte que le tocaba a su padre, ese día tan señalado, era llevar a la niña a la cabalgata. Llovía. Pero cualquiera le decía que la tenía que ver por televisión. Cosa que si lo pensaba, tampoco podía ser, porque por ahorrar la encendía solo a la hora de cenar. También se organizó. Busco una escalerita de 5 escalones para llevarla. Él recordaba que cuando su propio padre lo llevaba a la cabalgata, sino llegaban muy temprano no la veía porque había mucha gente delante. Como llovía, no podían ir mucho más temprano así que la mejor solución era el truco de la escalera.
Llegar al centro les llevaba mucho tiempo, así que calculo al milímetro la hora de salir. Padre e hija estaban nerviosos. Fueron para allá.
Se lo pasaron muy bien. A volver, había parado de llover y la madre ya tenía preparada la cena especial con las cosas que por la mañana le habían dado en el albergue. Era increíble, como la imaginación, habilidad y necesidad, hacia milagros con unos pocos alimentos. Cenaron comentando lo que habían visto. La niña no paro de hablar en todo el tiempo. Al terminar, ayudó a su madre a levantar la mesa y dio dos besos a ambos, para irse a dormir. Habían pasado antes por el parque, al regreso de la cabalgata, y recogido césped que había depositado en el balcón junto con un cuenco de agua para los camellos.
Cuando se durmió, su padre preguntó si había podido comprar algún regalo para ella. Su madre saco la caja con la muñeca que le habían dado a la mañana. La pusieron junto a los zapatitos de la niña, y también se acostaron.
La primera en levantarse fue la niña, corriendo hacia el balcón a ver si los camellos se habían comido el césped y tomado el agua. No había nada estaba vacío. Corrió a la habitación de sus padres, para contarles que habían pasado por ahí, que no había ni agua ni césped. Era la prueba irrefutable. Mientras sus padres se levantaban, la niña corrió al salón y se quedó paralizada al ver lo que veía.
Sus padres, no la escuchaban y pensaron que pasa. Se acercaron y la vieron de pie junto a la puerta sin pasar. Cuando llegaron a ella, observaron porque la niña estaba ahí de pie. Junto a los zapatitos de la niña, estaba la caja de la muñeca que su madre había puesto pero también un montón de otras cajas de colores distintos y con lazos a tono. Pero no solo los zapatos de ella estaban, sino los de sus padres y cada uno tenían una caja. En la mesa del comedor había una carta con sobre dorado con un nombre escrito, María.
Nadie entendía que pasaba, de donde había salido todo eso, se preguntaban. Su padre se acercó al sobre dorado, y le dice a la niña – María es para ti, quieres que te lo lea?. La niña asintió sin decir una palabra, aun no se podía mover de la sorpresa.
Querida María, empezaba la carta.
“Querida María,
Hemos recibido tu carta, donde no nos pedías regalos, sino trabajo para tus padres y que tus regalos, si había alguno asignado a ti, se lo diéramos a algún niño más necesitado que tu. Porque tenías todo lo que querías, el amor suficiente de tus dos padres, y otros niños no tenían tanta suerte. Por esto, y tu inmenso amor hacia todos, hemos decidido que este año, el regalo extra de nosotros tres es para ti y tu familia. Disfrutarlo.
Melchor, Gaspar y Baltasar”
La madre le preguntó, pero como, no habías pedido en tu carta una muñeca? No mamá, cambie la carta que lleve al paje contigo. La noche siguiente de escribirla, me puse a pensar que era lo que más deseaba, y no era una muñeca, sino trabajo para ti y papá. También recordé la cantidad de niños que por circunstancias no tenían padres o estaban enfermos. Yo tenía todo lo que quería, a ustedes, no necesito más. Su madre la abrazó y se puso a llorar. Le dio un beso y le susurro al oído, ve empieza tu a abrir tus regalos. Mientras la niña comenzaba por más grande primero, porque no dejaba de ser una niña, su madre pensó… son los mejores reyes de mi vida.

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