viernes 6 de agosto de 2010

Amelia

Me acuerdo de los veranos en la casa de mis abuelos, con el calor...

Su nombre era Amelia Garcia Soler. La menor de cuatro hermanos y única mujer de la familia, en su generación. Que significaba esto en su vida, que todas sus tías habían deseado tener niñas, pero no, todos varones. Por lo que nuestra Amelia era la consentida de la casa en todos los aspectos. Ella ya tenía cerca de una veintena de años. Nunca se había sentido especial en nada con respecto a sus hermanos o primos. Pero ellos no lo veían así y quizás tenían razón.

Su vida, hasta el momento, transcurría tranquila. Con sobresaltos rítmicos de vez en cuando, pero nada grave. Ahora vivía sola. Desde hace pocos años. Le había costado mucho independizarse. Era la pequeña de la casa y aunque disfrutaba de mucha libertad no era para que viviera sola sin estar casada. Eso venia de donde vivía y su educación. Su ciudad no era muy grande. Por su lugar geográfico, solo se podía llegar a ella en barco, hasta bien entrados los setentas estuvo aislada del resto del continente. Hasta que a un alcalde avispado se le ocurrió hacer un túnel subfluvial que los conectara con sus vecinos y con el progreso.

Pero volvamos a nuestra Amelia. Era una chica de aspecto corriente. De mediana estatura, tez blanca, ojos castaños claros y color de pelo cambiante con su estado de ánimo. Siempre había sido una buena estudiante. Y como las mujeres de su generación no todas estudiaban carreras universitarias, ella pudo convencer fácilmente a sus padres para estudiar Bellas Artes. Pues sería cómodo de compatibilizar si se casaba joven, con las tareas del hogar. Pobres ilusos.

Actualmente se dedicaba a la pintura, aunque no le daba para comer. Para los menesteres prosaicos hacia un poco de todo, cuidar niños, ser secretaria, trabajar en un estudio de arquitectos como dibujantes, como en el presente.

Ella buscaba temas para sus cuadros en sus recuerdos. En este momento pasaba por una etapa muy sentimental. De sus abuelos tenía los mejores recuerdos y a ellos hacia referencia mental continuamente como fuente de inspiración, los cuales guardaba en una vieja libreta que la acompañaba constantemente en su mochila y que sacaba cuando algo se le venia a la cabeza aunque andará montada en el autobús.

Un día estando en la playa tomando el sol, en un caluroso día de Julio, escribió:

"Mis abuelos tenían una casa grande cerca de la barranca al río. A ese río grande y bravo que transcurría con su color marrón por todo el horizonte. A veces me sentaba en un banco del parque para poder mirar el atardecer. Y observaba como el sol cambiaba de color de a poco hasta llegar a llenar de un rojo cálido e intenso todo el cielo para esconderse luego por el horizonte. El contorno de las islas sobre el río y sus árboles perdían lentamente su nitidez. Sus hojas se unían unas con unas, como si se disolvieran en su copa y esta con el tronco, y este con su vecino y así hasta que todo era un perfil de algo que se sabía que era vegetación aunque se convertía en una mancha más de ese atardecer."

"Se empezaba a escuchar a los grillos anunciando la llegada de la noche. Noches de verano cálidas, húmedas, pero con una brisa que nos traía el olor a azar o a césped recién regado.

Amelia escribía y bocetaba sus recuerdos en su viejo cuaderno, y si bien había visto muchos atardeceres, ninguno eran como aquellos. Ella de pequeña iba a pasar todos los veranos con ellos a su casa.

"Su casa era típica construcción de los años treinta, estilo de la región. Con un puerta cancel de hierro negro, hasta que no fui al colegio no puede abrir por su peso. Había un zaguán con cuatro peldaños, con pisos de mármoles con dibujos geométricos. Al entrar un hall redondo que daban 3 habitaciones. Una el santuario de mi abuelo su escritorio. Casi prohibido para mí."

"En el hall destacaba un espejo de piso a techo con un fresco en la parte superior estilo clásico. Los sillones de recibir con apoya brazos de madera y tela roja con flores. Y el piso seguía con dibujos. Luego se pasaba por un puerta con vidrios de colores al primer patio, donde mi abuela cuidaba sus helechos."

"El patio tenia un alero de chapa con una columna metálica que lo sostenía y un banco debajo de él. Cuando llovía era fascinante sentarse en él a tomar el fresco de la brisa que levantaba la lluvia."

"Luego de cruzarlo se llegaba al estar-comedor con las cocina a un costado que sufrió de verano en verano sucesivos cambios que alteraban su fisonomía. Todo el ambiente tenia mucha claridad pues un gran ventanal dejaba ver el segundo patio y el final del terreno."

"Al costado de ese ventanal se acomodaba la silla hamaca de mi abuelo que se sentaba en ella a leer el diario.

Ya hace bastantes años que se vendió esa casa pero aún la recordaba como si hubiera estado ayer. Esta etapa de su vida la marcaba de forma importante.
A veces, sentía un dolor intenso en el pecho al revivir estos recuerdos, pues los perdió siendo ella muy joven, en especial a su abuelo, y hasta que no paso la llamada edad del pavo no comprendió lo que significo en su vida. Y si alguna vez tenía un hijo el pondría su nombre, Juan José.

"Cuando llegaba la tarde nos sentábamos con él y mi abuela en el patio. Luego de un día de pileta, sol y diversiones. Luego de cenar y cuando lo único que nos quedaba era dormir. En vez de prender la tele nos sentábamos con ellos a que nos contaran historias. La que mejor lo hacía era mi abuela. Casi siempre se relacionaban con la familia y su pasado. De como vivían en el campo en el siglo pasado y sus costumbres. De como aprendieron a defenderse de los indios que llegaban en malones haciendo tropelías y para que no atacaran la casa que era cerrada con postigones y apagadas las luces para que pareciera que no había nadie. Se dejaban unos barriles de ron y unas vacas afuera para que se entretuvieran con eso y no hicieran daño.

Otras veces hablábamos de las estrellas y la luna. Buscábamos luceros que caían y pedíamos un deseo." Siempre se preguntó de donde le venia el gusto por la luna y con el tiempo se dio cuenta que por los cuentos de su abuela. Aún recordaba un verso que les enseño -Luna Lunera cascabelera, siete pollitos y una ternera- No tiene ningún significado, pero le divertía siempre rememorarlo.

Los cuento año a año fueron los mismos, pero en la repetición esta el recuerdo. Ella crecía y pedía más historias. Le contaban sobre ese campo grande y llano, que se perdía con la mirada detrás del horizonte. De la casa grande, de como se criaban vacas. Del tren que juntaba a todos y los llevaba a la capital de vacaciones. De como el Bisabuelo dono parte de su tierra para que se construyera un pueblo que lleva su apellido. Historias que sintetizan sus raíces y que atesoraba en su corazón. Y ahora que estaba lejos de aquello, Amelia sentía que tenía una pasado sólido y con historia, y en ella se encontraba la fuerza que emanaba para formar un futuro igual o mejor.

El tiempo había cambiado el entorno. Y si alguna vez hubo algún antepasado que cruzo el mar a esa tierra para darle otro sentido a su vida, ella hizo lo mismo en dirección contraria.
Por sus estudios tuvo que cambiar de ciudad, y cruzando al continente se fue a vivir sola al mismo pequeño apartamento que desde entonces tenía. Estaba acostumbrada a las mudanzas, por el trabajo de su padre realizaron varias. Ha vivido con su familia en muchos lados y sabía que era su destino vivir sola en otros tantos, aunque por ahora solo la separaba unos cientos de kilómetros de su familia.

Le encantaba ver lugares nuevos. Descubrir sus aromas, sus colores, su gente sus costumbres. La volvía loca desplazarse, caminar, encontrar sitios. Quizás lo aprendió de los viajes con sus padres. Una sana costumbre para aprender - pensaba.

Con ellos y sus hermanos tomaban el coche todos los fines de semana, vivieran donde vivieran, se dedicaban a pasear. En estos momentos si bien no podía hacerlo en cuatro ruedas, pues no tenía coche, lo realizaba en cualquier medio de locomoción que correspondiera con la distancia a recorrer y el tiempo disponible, Eso si, siempre con su viejo cuaderno, sus lápices y sus ojos bien abiertos y atentos para que no se le escapara ni el más mínimo detalle.

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Dejame tu un recuerdo, asi de tu recuerdo hago un cuento,o es un cuento tu recuerdo?