jueves 6 de enero de 2011

Noche de reyes

Me acuerdo de unos reyes en Mendoza. Debo haber tenido 4 años más o menos, y junte del jardín césped para los camellos y los puse junto a mis zapatitos, con agua. No tengo ningún recuerdo más de los reyes magos.

La cabalgata empezó. Estaba nerviosa, muy nerviosa. Su padre, nunca la había llevado, hasta esa tarde y posiblemente porque ahora tenía todo el tiempo del mundo, estaba en el paro. Con su mamá había escrito la carta a los reyes. Ella tampoco trabajaba.

Su madre la convenció de que este año, los reyes también estaban en crisis así que debía pedir un solo regalo, y mucho amor. Porque de eso tenían y en cantidades. Su mamá sabia que aunque sea una muñeca o una tontería en los chinos le compraría. Por ver su cara y su ilusión de su niña, no se lo iba a prohibir. Ya sacaría las monedas de algún lado. Fueron unos días antes, a darles la carta que tenia dibujadas estrellitas y corazones a los pajes que para tal fin, estaban en el centro del pueblo. Aunque noto algo raro en la carta. Estaba convencida que el sobre que habían usado era rosa, y este era blanco. Pero no le dio mayor importancia.

Cuando llegó el señalado día, no durmió, pero desde la noche anterior. Todos se organizaron. La madre fue como todas las semanas a la ONG que les daban comida para pasar los días. Era la única que entraba en la casa. Cuál fue su sorpresa, que también le dieron una muñeca para su niña en la noche de reyes. Se alegró mucho, su niña tendría su juguete. Lo agradeció con una gran sonrisa. En ese momento se le iluminó el corazón. Para ella también habían llegado los reyes.

La parte que le tocaba a su padre, ese día tan señalado, era llevar a la niña a la cabalgata. Llovía. Pero cualquiera le decía que la tenía que ver por televisión. Cosa que si lo pensaba, tampoco podía ser, porque por ahorrar la encendía solo a la hora de cenar. También se organizó. Busco una escalerita de 5 escalones para llevarla. Él recordaba que cuando su propio padre lo llevaba a la cabalgata, sino llegaban muy temprano no la veía porque había mucha gente delante. Como llovía, no podían ir mucho más temprano así que la mejor solución era el truco de la escalera.
Llegar al centro les llevaba mucho tiempo, así que calculo al milímetro la hora de salir. Padre e hija estaban nerviosos. Fueron para allá.

Se lo pasaron muy bien. A volver, había parado de llover y la madre ya tenía preparada la cena especial con las cosas que por la mañana le habían dado en el albergue. Era increíble, como la imaginación, habilidad y necesidad, hacia milagros con unos pocos alimentos. Cenaron comentando lo que habían visto. La niña no paro de hablar en todo el tiempo. Al terminar, ayudó a su madre a levantar la mesa y dio dos besos a ambos, para irse a dormir. Habían pasado antes por el parque, al regreso de la cabalgata, y recogido césped que había depositado en el balcón junto con un cuenco de agua para los camellos.

Cuando se durmió, su padre preguntó si había podido comprar algún regalo para ella. Su madre saco la caja con la muñeca que le habían dado a la mañana. La pusieron junto a los zapatitos de la niña, y también se acostaron.

La primera en levantarse fue la niña, corriendo hacia el balcón a ver si los camellos se habían comido el césped y tomado el agua. No había nada estaba vacío. Corrió a la habitación de sus padres, para contarles que habían pasado por ahí, que no había ni agua ni césped. Era la prueba irrefutable. Mientras sus padres se levantaban, la niña corrió al salón y se quedó paralizada al ver lo que veía.

Sus padres, no la escuchaban y pensaron que pasa. Se acercaron y la vieron de pie junto a la puerta sin pasar. Cuando llegaron a ella, observaron porque la niña estaba ahí de pie. Junto a los zapatitos de la niña, estaba la caja de la muñeca que su madre había puesto pero también un montón de otras cajas de colores distintos y con lazos a tono. Pero no solo los zapatos de ella estaban, sino los de sus padres y cada uno tenían una caja. En la mesa del comedor había una carta con sobre dorado con un nombre escrito, María.

Nadie entendía que pasaba, de donde había salido todo eso, se preguntaban. Su padre se acercó al sobre dorado, y le dice a la niña – María es para ti, quieres que te lo lea?. La niña asintió sin decir una palabra, aun no se podía mover de la sorpresa.

Querida María, empezaba la carta.
Querida María,
Hemos recibido tu carta, donde no nos pedías regalos, sino trabajo para tus padres y que tus regalos, si había alguno asignado a ti, se lo diéramos a algún niño más necesitado que tu. Porque tenías todo lo que querías, el amor suficiente de tus dos padres, y otros niños no tenían tanta suerte. Por esto, y tu inmenso amor hacia todos, hemos decidido que este año, el regalo extra de nosotros tres es para ti y tu familia. Disfrutarlo.
Melchor, Gaspar y Baltasar”


La madre le preguntó, pero como, no habías pedido en tu carta una muñeca? No mamá, cambie la carta que lleve al paje contigo. La noche siguiente de escribirla, me puse a pensar que era lo que más deseaba, y no era una muñeca, sino trabajo para ti y papá. También recordé la cantidad de niños que por circunstancias no tenían padres o estaban enfermos. Yo tenía todo lo que quería, a ustedes, no necesito más. Su madre la abrazó y se puso a llorar. Le dio un beso y le susurro al oído, ve empieza tu a abrir tus regalos. Mientras la niña comenzaba por más grande primero, porque no dejaba de ser una niña, su madre pensó… son los mejores reyes de mi vida.

jueves 9 de septiembre de 2010

Llamadas en las madrugadas

Recuerdo a mi amiga Ceci, que estudio conmigo y sobre todo creció conmigo. El 6 fue su cumpleaños, y siempre me decía “nos separa un embarazo, vos sos más vieja”. Le llevaba yo 9 meses, pero cumplíamos la misma edad. En fin, ya no está conmigo"

Sonó el teléfono a la madrugada. Me asusté. Cosa que es habitual cuando uno vive tan lejos de su casa. Lo primero que pensas, medio dormido, medio despierto, ¿Quién puede llamar a esta hora?
Eran casi las 4 de la madrugada. -Si dígame? Te sale la pregunta con voz de ultratumba por efecto del sueño. – Quién es?
-Soy Fabi, contesta del otro lado. Fabi, que Fabi, se pregunta tu cerebro, hasta que sale de tu boca –Fabi, Qué Fabi con palabras.
-Soy la hermana de Ceci.
-A hola, como estas? Preguntas por cortesía, pero agregas, ¿qué hora es? Ella te contesta sin dejarte refunfuñar más.
-Mira, te llamo por Ceci. Ha muerto.
Vos entre sueños, reaccionas, o crees reaccionar y preguntas – Como que ha muerto? Incrédula total. -Ha sufrido una aneurisma, murió esta mañana, te lo tenía que contar.
Ya tus palabras, se funden con tu sollozo. No sabes que decir, no sabes que hacer. Estas a 12 mil km de distancia, te quedas muda. No terminas de reaccionar.
La llamada se corta y sin saber porque te volves a acostar y a dormir en el mismo sueño pesado de antes. Cuando suena el despertador, el sol ya había salido.
El primer pensamiento que te viene a la cabeza es ese raro sueño que tuviste anoche sobre Ceci. Pero te levantas y lo que creías un sueño empieza a morderte el alma, sin saber muy bien porque. Te preguntas –los soñé o fue verdad? No te podes quedar así.
Te vas a la agenda, buscas el número de Ceci y la llamas, pero el teléfono está apagado. Ves el teléfono de Fabi y llamas.
Cuando te atiende, preguntas si fue verdad la llamada de ella, si es verdad que Ceci está muerta. Cuando te lo confirma y te da detalles verdaderamente caes en la realidad que ya no estará más contigo. Le das el pésame, le mandas todo tu cariño y poco más puedes hacer.

Cuando la línea se corta, el teléfono se cae de tus manos y tus piernas no se pueden mantener más en pie, por el agobio que provoca el llanto que sale de tus ojos.
Lo que tú no sabes aun, es que pasados otros 9 meses volverás a recibir una llamada similar en otra madrugada donde tu sueño será tan pesado que no sabrás si estas soñando o fue verdad cuando despiertes.

sábado 21 de agosto de 2010

Super Verdi

Me acuerdo cuando a Verdi, mi gran perro, me lo trajeron en una caja de zapatos. Tenía dos meses. Vivió 15 años conmigo.

Llovía, era invierno y no era de extrañar que en la ciudad hiciera frio, pero que mucho frio, era 15 de enero. Las rebajas ya habían empezado, las fiestas familiares ya habían pasado. Pero igual, por la ventana se sentía un murmullo de gente que pasaba por debajo de su balcón. Era algo normal teniendo en cuanta donde vivía y que su salón daba a ese callejón que retumbaba todo.

Era de noche. Tocaron el timbre y refunfuño al levantarse del sofá. Ver los leños quemándose en la chimenea la habían adormecido y le molestó que llamaran. Se extrañó, era su amiga Dolores. Le dijo que subiera y se puso las pantuflas que habían quedado junto al sofá.

Ni intentó ponerse algo de ropa más decente. Era una buena amiga, y que importaba si la recibía de pijama con jersey. Pero no subió sola. Lo hizo con un amigo, un conocido para ella. Pero ya era tarde, conocería su pijama de ositos, también él. Ella pensó, “joder, menuda manera de recibir a este tío”.

Les hizo pasar, preguntando que tal estaban y pidiendo disculpas a la vez por su atuendo. Su amiga entro sonriente y cuando cerró la puerta le puso en sus manos una caja de zapatos que se movía, diciéndole “cuidado”.

Ella se sorprendió por el peso, apoyo la caja en la mesa más cercana y le saco la tapa. En ella se encontró con una mirada asustada que la veía como pidiéndole ayuda para salir. Lo primero que atinó fue a agarrarlo con las dos manos para verlo bien.
Pero si es un perro, dijo.

Su amiga y el conocido, sonreían. Su amiga agregó, “pues si lo quieres es tuyo. Tu no querías un perro?”

Ella ya lo tenía en sus brazos dándole calorcito, temblaba de frio aunque posiblemente fuera de miedo. Acto siguiente preguntó, “de donde ha salido?”
-Nació en una nave industrial de un cliente. Fueron 4 cachorros. No le veo mucho futuro si le dejaba ahí, y pensé en ti. Le quieres?

Quien le podía decir que no? La suerte estaba echada, ya eran dos en uno. Fue amor a primera vista y aun no había ni pisado el suelo del salón. Cuando lo hizo, se acercó con sus patitas cortas a la alfombra y se la meo. Ella sonrío y dijo “bienvenido a casa pequeño”. No se enfadó, para que, ya había marcado su territorio.

En ese instante estaba escuchando una ópera de Puccini. Cuando le preguntaron cómo lo llamaría, lo primero que pensó al escuchar la música fue “Puccini”. Pero si dio cuenta que le llamarían “Pucci”, así que dijo que tal “Verdi” como su otro compositor favorito.

A todos les gustó y pareció que al cachorro también, porque cuando le preguntaron “y a ti que te parece pequeño”, la miró moviendo la cola, como asintiendo.

Pasaron los años, y se le llamó de otras muchas maneras, como perrito grande, pequeño, perrito, cuchi cuchi, chiquitín, etc. Pero la que más le gustaba a ella era decirle, “perrito grande”. Porque siempre fue un gran perro en un cuerpo de un perro pequeño. Porque vendrían otros, más pequeños o más grandes, pero él seria siempre su “perrito grande” o “super Verdi “para los amigos.

viernes 6 de agosto de 2010

Amelia

Me acuerdo de los veranos en la casa de mis abuelos, con el calor...

Su nombre era Amelia Garcia Soler. La menor de cuatro hermanos y única mujer de la familia, en su generación. Que significaba esto en su vida, que todas sus tías habían deseado tener niñas, pero no, todos varones. Por lo que nuestra Amelia era la consentida de la casa en todos los aspectos. Ella ya tenía cerca de una veintena de años. Nunca se había sentido especial en nada con respecto a sus hermanos o primos. Pero ellos no lo veían así y quizás tenían razón.

Su vida, hasta el momento, transcurría tranquila. Con sobresaltos rítmicos de vez en cuando, pero nada grave. Ahora vivía sola. Desde hace pocos años. Le había costado mucho independizarse. Era la pequeña de la casa y aunque disfrutaba de mucha libertad no era para que viviera sola sin estar casada. Eso venia de donde vivía y su educación. Su ciudad no era muy grande. Por su lugar geográfico, solo se podía llegar a ella en barco, hasta bien entrados los setentas estuvo aislada del resto del continente. Hasta que a un alcalde avispado se le ocurrió hacer un túnel subfluvial que los conectara con sus vecinos y con el progreso.

Pero volvamos a nuestra Amelia. Era una chica de aspecto corriente. De mediana estatura, tez blanca, ojos castaños claros y color de pelo cambiante con su estado de ánimo. Siempre había sido una buena estudiante. Y como las mujeres de su generación no todas estudiaban carreras universitarias, ella pudo convencer fácilmente a sus padres para estudiar Bellas Artes. Pues sería cómodo de compatibilizar si se casaba joven, con las tareas del hogar. Pobres ilusos.

Actualmente se dedicaba a la pintura, aunque no le daba para comer. Para los menesteres prosaicos hacia un poco de todo, cuidar niños, ser secretaria, trabajar en un estudio de arquitectos como dibujantes, como en el presente.

Ella buscaba temas para sus cuadros en sus recuerdos. En este momento pasaba por una etapa muy sentimental. De sus abuelos tenía los mejores recuerdos y a ellos hacia referencia mental continuamente como fuente de inspiración, los cuales guardaba en una vieja libreta que la acompañaba constantemente en su mochila y que sacaba cuando algo se le venia a la cabeza aunque andará montada en el autobús.

Un día estando en la playa tomando el sol, en un caluroso día de Julio, escribió:

"Mis abuelos tenían una casa grande cerca de la barranca al río. A ese río grande y bravo que transcurría con su color marrón por todo el horizonte. A veces me sentaba en un banco del parque para poder mirar el atardecer. Y observaba como el sol cambiaba de color de a poco hasta llegar a llenar de un rojo cálido e intenso todo el cielo para esconderse luego por el horizonte. El contorno de las islas sobre el río y sus árboles perdían lentamente su nitidez. Sus hojas se unían unas con unas, como si se disolvieran en su copa y esta con el tronco, y este con su vecino y así hasta que todo era un perfil de algo que se sabía que era vegetación aunque se convertía en una mancha más de ese atardecer."

"Se empezaba a escuchar a los grillos anunciando la llegada de la noche. Noches de verano cálidas, húmedas, pero con una brisa que nos traía el olor a azar o a césped recién regado.

Amelia escribía y bocetaba sus recuerdos en su viejo cuaderno, y si bien había visto muchos atardeceres, ninguno eran como aquellos. Ella de pequeña iba a pasar todos los veranos con ellos a su casa.

"Su casa era típica construcción de los años treinta, estilo de la región. Con un puerta cancel de hierro negro, hasta que no fui al colegio no puede abrir por su peso. Había un zaguán con cuatro peldaños, con pisos de mármoles con dibujos geométricos. Al entrar un hall redondo que daban 3 habitaciones. Una el santuario de mi abuelo su escritorio. Casi prohibido para mí."

"En el hall destacaba un espejo de piso a techo con un fresco en la parte superior estilo clásico. Los sillones de recibir con apoya brazos de madera y tela roja con flores. Y el piso seguía con dibujos. Luego se pasaba por un puerta con vidrios de colores al primer patio, donde mi abuela cuidaba sus helechos."

"El patio tenia un alero de chapa con una columna metálica que lo sostenía y un banco debajo de él. Cuando llovía era fascinante sentarse en él a tomar el fresco de la brisa que levantaba la lluvia."

"Luego de cruzarlo se llegaba al estar-comedor con las cocina a un costado que sufrió de verano en verano sucesivos cambios que alteraban su fisonomía. Todo el ambiente tenia mucha claridad pues un gran ventanal dejaba ver el segundo patio y el final del terreno."

"Al costado de ese ventanal se acomodaba la silla hamaca de mi abuelo que se sentaba en ella a leer el diario.

Ya hace bastantes años que se vendió esa casa pero aún la recordaba como si hubiera estado ayer. Esta etapa de su vida la marcaba de forma importante.
A veces, sentía un dolor intenso en el pecho al revivir estos recuerdos, pues los perdió siendo ella muy joven, en especial a su abuelo, y hasta que no paso la llamada edad del pavo no comprendió lo que significo en su vida. Y si alguna vez tenía un hijo el pondría su nombre, Juan José.

"Cuando llegaba la tarde nos sentábamos con él y mi abuela en el patio. Luego de un día de pileta, sol y diversiones. Luego de cenar y cuando lo único que nos quedaba era dormir. En vez de prender la tele nos sentábamos con ellos a que nos contaran historias. La que mejor lo hacía era mi abuela. Casi siempre se relacionaban con la familia y su pasado. De como vivían en el campo en el siglo pasado y sus costumbres. De como aprendieron a defenderse de los indios que llegaban en malones haciendo tropelías y para que no atacaran la casa que era cerrada con postigones y apagadas las luces para que pareciera que no había nadie. Se dejaban unos barriles de ron y unas vacas afuera para que se entretuvieran con eso y no hicieran daño.

Otras veces hablábamos de las estrellas y la luna. Buscábamos luceros que caían y pedíamos un deseo." Siempre se preguntó de donde le venia el gusto por la luna y con el tiempo se dio cuenta que por los cuentos de su abuela. Aún recordaba un verso que les enseño -Luna Lunera cascabelera, siete pollitos y una ternera- No tiene ningún significado, pero le divertía siempre rememorarlo.

Los cuento año a año fueron los mismos, pero en la repetición esta el recuerdo. Ella crecía y pedía más historias. Le contaban sobre ese campo grande y llano, que se perdía con la mirada detrás del horizonte. De la casa grande, de como se criaban vacas. Del tren que juntaba a todos y los llevaba a la capital de vacaciones. De como el Bisabuelo dono parte de su tierra para que se construyera un pueblo que lleva su apellido. Historias que sintetizan sus raíces y que atesoraba en su corazón. Y ahora que estaba lejos de aquello, Amelia sentía que tenía una pasado sólido y con historia, y en ella se encontraba la fuerza que emanaba para formar un futuro igual o mejor.

El tiempo había cambiado el entorno. Y si alguna vez hubo algún antepasado que cruzo el mar a esa tierra para darle otro sentido a su vida, ella hizo lo mismo en dirección contraria.
Por sus estudios tuvo que cambiar de ciudad, y cruzando al continente se fue a vivir sola al mismo pequeño apartamento que desde entonces tenía. Estaba acostumbrada a las mudanzas, por el trabajo de su padre realizaron varias. Ha vivido con su familia en muchos lados y sabía que era su destino vivir sola en otros tantos, aunque por ahora solo la separaba unos cientos de kilómetros de su familia.

Le encantaba ver lugares nuevos. Descubrir sus aromas, sus colores, su gente sus costumbres. La volvía loca desplazarse, caminar, encontrar sitios. Quizás lo aprendió de los viajes con sus padres. Una sana costumbre para aprender - pensaba.

Con ellos y sus hermanos tomaban el coche todos los fines de semana, vivieran donde vivieran, se dedicaban a pasear. En estos momentos si bien no podía hacerlo en cuatro ruedas, pues no tenía coche, lo realizaba en cualquier medio de locomoción que correspondiera con la distancia a recorrer y el tiempo disponible, Eso si, siempre con su viejo cuaderno, sus lápices y sus ojos bien abiertos y atentos para que no se le escapara ni el más mínimo detalle.

miércoles 10 de marzo de 2010

No me gusta la lluvia

Me acuerdo de ese accidente...

Jo! Llueve de nuevo. No me gusta la lluvia. Todo se pone frío, gris.
No se quien puede disfrutar mojándose como aquellos dos. Saltan charcos, se mojan y se matan de risa. La gente cada día esta más loca.”
Así pensando pasaba el rato, detrás de su tercera taza de café.
Últimamente pasaba mucho tiempo en un pequeño café cerca de su casa. Esto ya le provocaba no dormir por las noches, lo tenía que dejar.
- A mi me gusta.
-¿Quien hablo? - dijo sorprendida sin saber muy bien de donde venia esa frase.
Miraba para todos lados, en ese momento no había nadie cerca. Solo el camarero, que leía el periódico detrás de la barra.

“Esta chica esta cada día que pasa esta peor”- pensó el camarero al levantar la vista y verla tan nerviosa como buscando algo o a alguien.
“Me debo estar volviendo loca, tengo que parar con el café me está alterando hasta hacer que escuche voces.”
-No, si me escuchaste y nítidamente.
- Don Manuel,¿ es usted el que me esta hablando? Pregunto al que estaba detrás de la barra.
El pobre esbozo una sonrisa con sus labios moviendo la cabeza diciendo que no.
“Esta pobre, desde el accidente está algo tocada, pero ya hace 2 años, es que nunca va a levantar cabeza” - No, mi hijita yo estoy leyendo, ¿quieres otro café?
No contestó, había vuelto a poner sus ojos en la lluvia.
-No te gusta la lluvia. ¿Porque?
-Pero bueno, ¿que broma es esta? – dijo y se levanto como saltando de la mesa.
Estaba nerviosa. Se dirigió al baño para lavarse la cara con agua fría.
Cuando regreso, ya no estaba sola. Compartía mesa con un joven.
Ella se quedo mirando y pensó -¿este quien es?
-Hola, encantado de verte de nuevo. Hace mucho tiempo que no nos encontrábamos.
- No quiero ser impertinente, pero quien mierda es usted.
-Con esas cosas no, con groserías no. Camarero por favor, una tila para la señorita y un café para mí.
-Yo no tomo té - Aquí que pasa, se aparece de la nada, me saludas como si nos conociéramos de toda la vida, y me pedís un té. Si me conocieras sabrias que lo odio. ¿Qué es esto? una imposición o me he topado con el loco de turno, lo que me faltaba.
-Te conozco más de lo que crees. Nos conocemos desde que naciste. El té lo vas a tomar porque te hará bien, para calmarte y no insultes que loco no soy. Hablemos. Sentate.
- Mire señor, esta bien, no quiero ser grosera pero quiero estar sola, así que si no le importa tómese el café en otra mesa.
-¿Más sola? llevas dos años aislada del mundo. Tanto te cuesta volver a relacionarte.
El comentario calo hondo. Se sintió invadida.
¿Que pasaba? ¿Quién era? Vencida, se dejo caer en la silla frente a la ventana.
-Muchas preguntas a la vez. Veamos por partes. Me conoces bien, lo que pasa es que me has ocultado mucho tiempo o mejor dicho negado. Quizás te sorprendas un poco más pero si no te acuerdas de mi, tendré que decirte yo quien soy.
-Venga, mire odio la lluvia y llueve, no me gusta los interrogantes así que, quien es Ud?
-Soy vos.
La risa estallo en sus pulmones, de donde habría salido este pirado, estaba peor que ella. Las secuelas de lo sucedido eran profundas en su vida, pero nunca creyó necesitar ayuda externa para sobreponerse, se había aislado de tal forma que su realidad, sencillamente la cambio radicalmente con esas mentiras piadosas que todos se cuentan.
-Exacto, cerraste las compuertas a la realidad y vos misma desapareciste en lo que creaste. Ya no eres lo que eras y como consecuencia inmediata nada es verdad.
Cuando dejo de reírse, se había relajado, el pobre estaba volando y ella no podía hacer nada. Mejor le seguí el juego. Estaba peor que ella.
-No es un juego.
-Pero bueno, también lees lo que pienso.
-No, pero si soy vos, no crees que lo que pensas también lo hago yo al unísono. Somos uno, aunque ahora estemos separados, a veces nada es lo que se ve. Es otro medio de comunicación con vos misma. Se diría que soy tu, "Yo interno" o si lo queres decir de otra manera soy tu conciencia corporeizada.
- Mi conciencia es un hombre. Venga ya, no me tomes más el pelo.
- La conciencia es lo que uno quiere. En tu caso, me ves como un hombre pues es el reflejo de recuperar, tu anhelo por lo que perdiste en ese accidente. Se que fue duro despertarte una mañana y aceptar que él ya no estaba. Pero a veces la vida es así. La soledad, el aislamiento impuesto no es bueno, te bloquea, no queres ver tu realidad, no te queres ver a vos misma sola como estas, pero eso no solo abandonaste tu vida externa, también me abandonaste a mi, o sea a ti misma. No sabe todo lo que he tenido que currar para no terminar desapareciendo en la nada que creaste. Este es mi último recurso por sacarte adelante. Enfrentarte a mi, enfrentarte a ti misma y ve donde estas. Si yo logro ayudarte, te estas ayudando a vos.
-Ayuda, si la hubiera necesitado la hubiera buscado. Estoy fenómeno.
-¿Sí? Te parece normal que no te guste algo tan vivo como la lluvia, o ver como dos personas se ríen debajo de un paraguas saltando charcos. SI no recuerdo mal hace años eras capaz de levantarte un domingo de lluvia a las 7 de la mañana para encontrarte a desayunar en tu café preferido con él, mirando la lluvia detrás de las ventanas. Eso en que quedo.
Él ya no esta, pero tu si. El luto ya termino. Necesitas empezar a aprender de nuevo, a compartir tu existencia con la vida, debes poner todo tu corazón, toda tu fuerza, tu alma en ello.
El silencio reino, que verdad. Ya no le importaba quien fuera ni porque se sentó con ella. Simplemente se daba cuenta que sus palabras la reconfortaban un poco y decidió escuchar.
-Decime la verdad, ¿quién sos?
-¿Importa tanto? si no me crees que soy tu yo interno, tu conciencia, pensa que soy alguien que ha aparecido en tu vida, que te conoce y que quiere ayudar. Dale, salí allí, abrite, comenzá a quererte de nuevo, en la medida que aprendas a ser feliz nuevamente vas a reencontrarte con tu capacidad de saber compartir con todos las cosas más simples como es la amistad y el amor. Yo se que no es consuelo decir, que no sos la única que tiene problemas, todos lo tienen, pero debes darte cuenta que aunque te sientas sola, no lo estas, mucha gente cerca de ti y que ahora tu no ves, te estima, te quieren dar una mano y tu no les dejas. Pediles ayuda, la encontraras, no todos son indiferentes a lo que te paso.
-Bueno no es fácil, he estado mucho tiempo encerrada en mi dolor, no se como decir lo que siento.
-Trata. Bueno me voy.
-Ahora que la conversación avanza, ¿te vas?
-Debo irme, pero hay algo importante que debes entender antes. Si no queres que parta, es porque por primera vez en mucho tiempo te escuchas más allá de tu dolor. Si comenzaste, por poco que sea, es un empezar a algo positivo. Ves, no es tan difícil hablar de nuestras cosas. Compartí con los demás, se feliz.
Salí afuera y trata de compartir tu paraguas con alguien que no lo tenga y disfruta, anda antes que la lluvia se acabe, mira que no siempre llueve.
El desconocido, se levanto, se puso el chubasquero y salio por la puerta del local, sin hacer ruido como había aparecido. Ella lo vio perderse en el diluvio que caía. Se quedo mirando por la ventana. En el café todo estaba igual, no había ningún cliente, el camarero estaba dormido sobre el periódico.
Fuera seguía lloviendo.
Pasaron los minutos. Abrió el bolso, busco la agenda. Marco un número de teléfono.
-Consulta del Doctor Morales, buenos días.
-Quería una sita con el doctor, cuanto antes mejor, necesito ayuda urgentemente.